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lunes, 16 de agosto de 2010

II. Una Era Más Civilizada

“¡Evidente, tu opinión es!”

— Yoda,
La Amenaza Fantasma.

Así que, a las 9:00 PM de una noche de Mayo de 1999, por fin pude ver la bendita película que pase tanto tiempo esperando ver.  Éramos un grupo grande, mis amigos de toda la vida, con los que hablaba de la Trilogía Original y sus hermanos mayores, que si las vieron en el cine cuando salieron originalmente.  Todos estábamos a la espera y disfrutábamos del espectáculo de la fila para entrar: Personas disfrazadas, peleas con “sables láser” mujeres con el peinado de Leia… la atmosfera era increíble.  Dentro de la sala, se sentía la electricidad… y de repente, la película empezó.

¿Fueron mis expectativas recompensadas? ¿Se redimió George Lucas luego de su roce con el Lado Oscuro del Episodio VI? ¡Claro que sí! Desde que vi la veloz entrada en la pantalla del Crucero de La República en el que iban los Caballeros Jedi, estaba enganchado. Justo antes del comienzo de la carrera de vainas, salí de mi trance y recordé todas las críticas previas que decían que la película era mala, y me pregunté en ese instante si había visto hasta el momento algo que no me gustara… “Nop, nada” fue mi respuesta y volví a concentrarme en el caluroso desierto de Tatooine.

Luego que los créditos empezaron a salir, las luces se encendieron y volteé a ver al amigo que tenía al lado lleno de emoción.  Acababa de ver 133 minutos de magia pura.  “Excelente” dije finalmente y luego pensé: “¿Qué demonios estaban pensando los críticos?” 

Vi La Amenaza Fantasma un total de 10 veces antes que la quitaran de cartelera.  Nunca la sentí tan perfecta como esa primera vez, pero aun la amaba como un loco.  Incluso películas que considero artísticamente superiores, como La Lista de Schindler o Seven  no me atraparon al mismo nivel visceral y emocional que La Amenaza Fantasma.  Tal vez sea imposible dar una razón lógica para explicar mi afecto por ésta Ópera Espacial tonta, pero lo intentaré. 

Lo Que Siempre Había Soñado.

Déjenme comenzar explicando cuales eran mis expectativas cuando entré a la sala de cine el día del estreno.  Había un millón de cosas que quería ver en el Episodio I, pero las más importantes se dividen en tres categorías básicas:

Primero y principal, quería una buena y sólida lección de historia.  Uno de los elementos más intrigantes de Star Wars siempre ha sido las historias de esos eventos importantes que se mencionaron en la Trilogía Original, pero que no se revelaron totalmente.  ¿Cómo logró el Emperador derrocar La República? ¿Cómo eran los Jedi en aquel entonces y cómo fueron exterminados? ¿Cómo era Anakin Skywalker cuando era un simple estudiante y qué lo hizo convertirse al Lado Oscuro? ¿Fue culpa de Obi-Wan? ¿Quién era la madre de Luke y Leia y cómo logró mantener a los niños escondidos de Darth Vader? Y ¿Qué diablos fueron las Guerras Clónicas?  La Amenaza Fantasma comenzaría a contestar estas preguntas y para cualquier verdadero fanático de Star Wars, esa idea era poderosamente emocionante. 

En segundo lugar, y esto era perfectamente obvio, quería mucha acción, emoción y efectos visuales extraordinarios.  En la tradición de Star Wars, debía haber muchos escapes por los pelos, tiroteos con láser, persecuciones a alta velocidad entre naves espaciales, ver a los héroes viajar de un planeta a otro, batallas con sables láser y explosiones… ¡Mas nada! 

En tercer y último lugar, quería muchas sorpresas. Eso, para mi, era esencial.  Una de las grandes fortalezas de El Imperio Contraataca era que estaba llena de desarrollos imprevistos que la diferenciaban claramente del episodio anterior, Una Nueva Esperanza; mientras que El Retorno del Jedi estaba plagada de reciclaje de material viejo.  Considerando lo mucho que ya se sabía acerca de la historia básica que las precuelas debían contar, era crucial que Lucas nos lanzara unas cuantas curvas y cosas sorprendentes que nunca hubiéramos visto en el universo que él mismo había creado, para así mantener las obligatorias lecciones de historia, frescas e interesantes. 

En lo que a mí respecta, La Amenaza Fantasma logró exitosamente cumplir con esas tres condiciones.  Casi todas las grandes preguntas acerca de la historia de Star Wars fueron contestadas, aludidas en varios niveles de sutileza o claramente delineadas para resolverse en los Episodios II y III.  La película también lleno la cuota de escenas de acción y magia de efectos especiales y, les guste o no, nadie puede negar que el Episodio I estaba lleno de personajes, lugares interesantes y de un espectáculo visual como nunca se había visto en una película de Star Wars… o en cualquier otra, para ese momento. 

Lo que quiero hacer ahora es repasar la trama de La Amenaza Fantasma de principio a fin, no para dar un informe detallado de la historia y no para examinar con extremo detalle todo lo que esconde, todavía no, sino para señalar las principales cosas que me parecieron excelentes.  Y hay muchísimas, debo decir. 

La Primera Escena

Empecemos por el principio.  En La Amenaza Fantasma finalmente se nos permite ver como eran en realidad los Caballeros Jedi.  En la Trilogía Clásica sólo nos encontramos con dos Maestros Jedi viejos y decrépitos, dos viejos y decrépitos Señores Sith (y uno de ellos era mitad hombre, mitad pulmón artificial) y un novato Jedi a medio entrenar.  Con éste grupo patético de gente, sólo podíamos imaginarnos el nivel total que alguien con La Fuerza de su lado podría alcanzar y las cosas que podría lograr. Así que, es apropiado que La Amenaza Fantasma comience mostrándo a dos Caballeros Jedi en óptimas condiciones para luchar, haciendo lo que mejor saben hacer.  Cuando Obi-Wan se quita su capucha y dice “Tengo un mal presentimiento acerca de esto” sabemos que estamos viendo una película de Star Wars certificada.  Los no-fanáticos probablemente no se den cuenta de esto, pero esa tonta línea de diálogo se ha dicho en todas y cada una de las películas, algunas veces más de una vez.  Obi-Wan es nuestro único punto de referencia familiar, ya que la película comienza con mucha información que no conocemos: La Federación de Comercio, los Neimodianos, el planeta Naboo, una disputa sobre impuestos en rutas comerciales y el Maestro Jedi Qui-Gon Jinn.  Siempre hemos visto a Obi-Wan como el anciano y sabio mentor, por lo que verlo ahora como un joven aprendiz de otro anciano y sabio mentor es sorprendente.

Podemos ver de inmediato que los Jedi no son sólo guerreros aventureros que recorren la galaxia luchando contra el mal… Qui-Gon Jinn y Obi-Wan son Embajadores de La República enviados en una misión diplomática.  Servir como consultores pacíficos y negociadores probablemente sea como un Jedi pase la mayoría de su tiempo, utilizando sus sables láser con muy poca frecuencia y sólo para defenderse.  También aprendemos, gracias al prólogo clásico de letras amarillas, que los Jedi fueron “enviados en secreto” por el Canciller Valorum.  Esto nos dice que La República ejerce algún tipo de control sobre los Jedi y puede decirles que hacer, además de que los Jedi no son una Orden autónoma que estrictamente hace lo que quiere.  También nos revela que las acciones de los Jedi son, en algunos casos, clandestinas, lo que los convierte en una agencia de operativos encubiertos para La República.  Este punto jugará un papel importante en los Episodios II y III, cuando Palpatine, siendo ya Canciller, podrá ordenarles a los Jedi que hacer.

Hablando de Palpatine, él es el segundo personaje de Star Wars que servirá de referencia para la audiencia, apareciendo como la imagen holográfica del Lord Darth Sidious.  Al principio no está muy claro quien es Sidious, pero incluso los no-fanáticos casuales reconocerían su increíble parecido con el Emperador de El Retorno del Jedi.  Todo éste conflicto político sobre la Federación de Comercio y rutas comerciales suena algo aburrido (es decir, indigno de ser parte de una trama de Star Wars) pero, si el hombre que será el Emperador está detrás de todo, la cosa se pone mucho más interesante. Tal vez, a esas alturas, aún no sabremos mucho acerca de lo que está pasando o cómo este plan encaja en su complot de dominación de la galaxia, pero al menos sabemos quien es el villano en realidad. 

Cuando Sidious da la orden de asesinar a los embajadores Jedi, comienza una de mis secuencias favoritas de la película.  El Crucero de La República en el que venían es destruido e inmediatamente Qui-Gon y Obi-Wan se preparan para el ataque.  Sabemos que no hacía falta que vieran la explosión., ellos sintieron la perturbación en La Fuerza.   La habitación en la que se encuentran se llena de gas venenoso, pero los Jedi no entran en pánico ni corren para huir (son así de cool) Sólo toman aire, aguantan la respiración y esperan.  Cuando los androides de batalla llegan para buscar sus cuerpos, por fin los vemos en acción… y es impresionante.  “Se ha enfrentado antes a un Caballero Jedi, Señor” Es la pregunta que Rune Haako le hace con nerviosismo a Nute Gunray y el virrey le contesta intrigado “Pues, no” pues la audiencia tampoco… hasta ahora.

Sólo viendo la forma en que Qui-Gon y Obi-Wan atraviesan la horda de androides de combate y desvían los disparos de láser de los Droidekas destructores, nos damos cuenta que sus habilidades están varios pisos térmicos por encima de cualquier cosa vista en la Trilogía Original.  No es sólo por que su habilidad con la espada es asombrosa, es su calmada determinación.  ¿Recuerdan a Luke luchando en la nave de Jabba, cuando el y sus amigos iban a ser ejecutados? Podría decirse que es una situación similar, por aquello de usar un sable láser para luchar contra un ejército de atacantes.  Luke no lo hizo mal, pero demostraba una gran cantidad de esfuerzo y tensión al hacerlo, no se veía con mucha confianza en cuanto a cual sería su siguiente acción.  Pero Qui-Gon y Obi-Wan son fluidos y eficientes con cada estocada y sus expresiones muestran total calma y seguridad.  Su habilidad para luchar es asombrosa, pero se nota que ésa batalla en particular no representa reto alguno para ellos.  Estos Jedi podrían cortar robots por la mitad y desviar disparos de láser incluso dormidos. 

Me encanta cuando Qui-Gon entierra su sable láser en la puerta blindada y deja que el metal se derrita para abrirse paso.  La expresión de su rostro mientras pacientemente gira el mango de su sable demuestra su serenidad incluso en esa situación tan tensa.  Qui-Gon es indetenible y está determinado a pasar por esa puerta, pero no hay ira ni ansiedad en sus acciones.  Sólo se retira cuando los Droidekas con su escudo deflector lo obligan a un enfrentamiento junto con su Padawan, pero al verse abrumados  demuestran un poder jamás visto en un Jedi: correr a altas velocidades al punto de verse borrosos. 

Esa secuencia que “abre” la cinta donde vemos a los Jedi en acción, marca el tono para el resto de la película y me conquistó por completo.  Sabía que estaba en la misma amplitud de onda que la historia que Lucas estaba contando y que el resto del filme me iba a encantar. 

Naboo
 
Los Jedi se colan en una nave y logran llegar a Naboo, donde conocen a un Gungan algo loco que los acompaña en su misión.  Creo que Jar Jar es un personaje divertido y eso es todo lo que diré sobre él hasta que lleguemos al episodio IV de éste ensayo, donde hablaré de las razones por las que la gente odia ésta película. 
   
Puede que Naboo sea un pequeño planeta provincial, pero es uno muy hermoso.  Los mundos de la Trilogía Original cubrieron una gran variedad de ambientes, incluyendo un planeta desértico, uno de hielo, uno de pantanos y uno en las nubes, además de una luna llena de jungla… pero nunca habíamos visto un mundo bajo el agua.  En Naboo, un planeta parecido a la Tierra con océanos y continentes, podemos ver unas locaciones maravillosas que pueden considerarse de las más espectaculares jamás vistas en Star Wars.  Jar Jar Binks lleva a los Jedi bajo el agua a la ciudad sumergida de Otoh Gunga, cuyos domos en forma de cúpulas son increíblemente hermosos.  Pero igualmente hermosas son las inmensas cascadas de Theed, la Ciudad Capital de Naboo.

Lo que nos lleva a Su Alteza Real, la Reina Amidala.  Por primera vez logramos ver a la mujer que será la esposa de Darth Vader y la madre de Luke y Leia.  En una película llena de personajes misteriosos, Amidala es uno de los más inescrutables.  No sabemos cómo una niña de 14 años llegó a ser la gobernante de éste planeta… podría especularse que alguna especie de catástrofe aniquiló a su familia y ella quedó de heredera al trono, pero luego en el filme ella dice que fue elegida democráticamente.   
¿El pueblo eligió a una reina adolescente? En el Episodio II conoceremos un poco más sobre su historia.  

Amidala da la impresión de ser fría y sin emociones, cargada con el peso de sus responsabilidades (excepto cuando se convierte en su alter ego, la dama de compañía Padmé) Aparentemente su verdadero ser es revelado en la compasiva y cálida Padmé y su gélido comportamiento y rígida postura son un disfraz que adopta para que la gente la tome más en serio y para honrar las tradiciones monárquicas de Naboo. De hecho, su nombre completo es “Padmé Naberrie Amidala”, por lo que Padmé no es un alias, sino su verdadero nombre, que tanto Anakin como sus amigos más íntimos siempre usarán para dirigirse a ella. 

Cuando los embajadores Jedi liberan a Amidala y despegan en su nave real, llega la hora de ver la presentación de otro viejo amigo de la Trilogía Original: El bueno de R2-D2 hace su debut salvando a todos una vez más... por primera vez.  Hemos visto unidades R2 trabajando en el exterior de naves espaciales antes, dentro de sus agujeros en los X-Wings, pero no teníamos idea de que estuvieran diseñados para recorrer sin problema la superficie de una nave en pleno vuelo por el espacio exterior… muy cool. El pequeño androide hace una entrada dramática excelente, reparando la nave diligentemente mientras que sus desafortunados compañeros de trabajo son destrozados a su alrededor.  Es muy satisfactorio descubrir que R2 viene de la  realeza (por aquello de servir en la nave personal de una reina)  Su eventual destino es una descripción bastante acertada del destino final de la tecnología: de cómo las máquinas más sofisticadas y de última generación terminan eventualmente como chatarra que los granjeros pobres pueden comprar. 

Tatooine
La averiada nave termina refugiándose en el remoto y arenoso planeta de Tatooine, mientras Qui-Gon y su séquito entran en el puerto espacial de Mos Espa en la búsqueda de repuestos para reparar el motor de velocidad luz. Ahora es el momento de conocer a la verdadera estrella del show.  En la tienda de Watto, un comerciante de repuestos, un pequeño niño esclavo vestido con harapos entra corriendo… y ahí lo vemos… ése es Darth Vader.  Es un momento maravillosamente subestimado, porque Anakin Skywalker tiene la entrada menos dramática de todos los personajes principales, pero no es necesaria una entrada con flechas y luches para darnos cuenta que él es el más importante de todos.  De pronto nos damos cuenta que ésta no es la historia de la misión de Qui-Gon y Obi-Wan para ayudar a la Reina Amidala a salvar a Naboo de la Federación de Comercio, lo que hemos estado viendo es: “Darth Vader: Ésta Es Tu Vida”

Aparte de Jar Jar, todos los personajes principales que hemos conocido hasta el momento han sido serios y austeros, con pocas demostraciones de emoción.  Eso hace que la calidez y entusiasmo de Anakin brillen como una supernova.  Lo vemos como un niño valiente que ha hecho lo mejor posible de su vida de esclavitud en lugar de dejar que ésta lo convierta en un ser amargado y sin esperanza.  Generalmente, soy algo escéptico en cuanto a los niños actores en papeles dramáticos importantes se refiere, pero Jake Lloyd me conquistó y logró que me importara Anakin.  De hecho, el pequeño Ani terminó siendo mi personaje favorito de la película.

Anakin nos presenta a otro viejo amigo cuando nos enteramos que el construyó a C-3PO.  En Una Nueva Esperanza, cuando 3PO dice: “Gracias al Creador, este baño de aceite va a sentirse muy bien” le estaba dando las gracias a Darth Vader, ¿Qué tal?  Mucha gente piensa que esa es una torpe excusa en la trama, pero a mi me parece bien.  Y la primera interacción entre C-3PO y R2 es, simplemente hilarante.  Es incluso divertido e irónico que el acartonado 3PO fuese construido por  un esclavo pobre mientras que el humilde R2 viene de la realeza. 

La habilidad de Anakin para construir androides es impresionante, pero son sus habilidades como piloto las que nos llaman la atención.  ¿Quién podría haberse imaginado que llegaríamos a ver un evento deportivo en una película de Star Wars? Además de ser una de las secuencias centrales de la cinta… La carrera de Vainas es algo completamente inesperado y sin precedente en la Saga, algo que nunca habíamos visto, lo cual la hace grandiosa.  Estamos en una era más pacífica para la galaxia, antes de las Guerras Clónicas y del Imperio, así que tiene sentido que se vea una actividad más recreacional para llenar la cuota de acción requerida en la peli.
Además de del obvio suspenso y la emoción de la intensa competencia a altas velocidades y los efectos especiales, lo mejor acerca de la carrera de Vainas es la demostración de las habilidades de Anakin con la Fuerza y el potente presagio que supone en cuanto a su futuro.  Su rostro está parcialmente oscurecido detrás de su casco y los lentes protectores, haciendo una sutil referencia a la máscara negra que un día lo ocultará por completo. Anakin está inusualmente calmado y seguro mientras recorre esos peligrosos recovecos desérticos a 500 kilómetros por hora, está tan calmado que es perturbador.  Cuendo lo vemos ajustar meticulosamente los controles y concentrándose en la carrera con esa mirada carente de emoción, es un escalofriante paralelismo al momento en que Darth Vader pilotea con virtuosismo su TIE Fighter en la trinchera dentro de la Estrella de la Muerte.  La carrera de Vainas hace que nos creamos un poco más el hecho que este niño inocente crecerá para convertirse en un Oscuro Señor de los Sith.

Así que Anakin gana la carrera, consiguiéndoles a sus amigos las partes que necesitan para reparar su nave y sin saberlo, ganándose su propia libertad.  No me averguenza admitir que la escena en la que Anakin se despide de su madre me conmueve cada vez que la veo.  La noción de un niño tan pequeño dejando a su madre es un tema bastánte fuerte de por si, pero en éste caso es peor, porque sabemos que esa separación no va a terminar bien.  La pobre Shmi piensa que está haciendo un sacrificio por el bien del futuro de su hijo, pero en realidad lo está mandando a que se convierta en Darth Vader.  Es uno de los momentos emocionales más poderosos de toda la Saga, al nivel de Han Solo siendo congelado en carbonita y Luke quitándole la máscara a su moribundo padre.

Inmediatamente después de esa despedida tan triste, ocurre un inmenso cambio de dirección en el tono de la cinta cuando Darth Maul por fin se revela ante los Jedi y procede a desatar su furia sobre ellos como no se había visto desde hacía mil años.  El duelo entre Qui-Gon y Darth Maul en el desierto sólo dura unos segundos, pero es tan rápido e intenso que te quita el aliento. 
 
Coruscant
La nave Nubian ya reparada lleva a la pandilla cruzando el hiperespacio directamente al “brillante centro del universo” que Luke una vez mencionó en el Episodio IV pero que nunca habíamos visto (excepto por unos segundos al final de la Edición Especial de El Retorno del Jedi)
Coruscant es la capital de La República, la base y hogar de los Jedi y el lugar donde ocurren las cosas importes.  Éste planeta entero es una gigantesca ciudad.  Su hermoso y utópico diseño de elegante arquitectura con sus cielos llenos con ordenadas líneas de tráfico representa el pináculo de la civilización en la galaxia, donde todo es bueno y se respeta la ley… pero las apariencias pueden engañar.

Coruscant resulta ser un mundo de falsas esperanzas y corrupción oculta.  La República está muriendo y aunque su caída está siendo manipulada y controlada en secreto por el Senador Palpatine, da la impresión de que él no es el único responsable de la decadencia del Estado. Citando el visionario prólogo de la novelización de Star Wars de 1976: “Como el más grande de los árboles, capaz de soportar cualquier ataque externo, La República se estaba pudriendo desde adentro, pero el peligro no podía verse desde afuera” 

Todos los puntos fundamentales de cambio en la trama de la película ocurren en las breves escenas en Coruscant y la verdad es que las cosas no se ven bien para nuestros héroes.  Tanto Amidala como Anakin llegaron a la gran capital buscando ayuda y ambos fueron tristemente rechazados.

La Reina Amidala hace su petición de ayuda para Naboo y es saboteada por el Senador de la Federación de Comercio.  Piensen por un momento en eso, es como sin en el Asamblea Nacional hubieran senadores representando a la Polar o a Tío Rico.  Lucas nos está mostrando lo mucho que La República se ha degenerado hasta llegar a una especie de sátira de la democracia.  Las empresas comerciales están involucradas directamente con el gobierno y son capaces de descarrilar acusaciones criminales contra ellos invocando el “debido proceso” y la burocracia.  Y el Canciller Supremo es incapaz de actuar según sus deseos para negar la dudosa petición de la Federación de Comercio de enviar una comisión para confirmar la acusación de la Reina Amidala.  Éste es un gobierno que está en camino directo y sin escalas al colapso.

Y luego nos presentan al Alto Consejo Jedi. Un evento muy importante que ocurre aquí es el establecimiento de una antigua y misteriosa historia entre los Jedi y los Sith.  Una de las mejores cosas que tenía la Trilogía Original eran las historias que hacían alusión a importantes pero poco definidos eventos del pasado. Ahora que las precuelas comienzan a revelar esas historias, corría el peligro de que ese toque místico y de misterio histórico se perdiera un poco, pero Lucas conservó ese “sabor” esencial de Star Wars creando una historia de fondo para la historia de fondo. Así que, a pesar de estar en el Episodio I, se nos habla de cosas que ocurrieron con los Sith mil años atrás.

El Consejo Jedi también nos presenta una noción importante: Los Jedi pueden ser falibles en cuanto a su juicio.  El Consejo da la impresión de ser elitista y está como desconectado de la realidad.  Ellos están allí en su templo, lejos de la gente común en lo alto de una torre de marfil (literalmente, de hecho) además, Yoda y Mace Windu se comportan como si tuvieran resueltos y bajo control todos los misterios de la galaxia.  Para ellos es inconcebible que una amenaza tan masiva como el regreso de los Sith pudiera darse sin ellos saberlo… y están totalmente desarmados a la hora de lidiar con la llegada de Anakin Skywalker.

¿Estaba el Consejo Jedi en lo correcto al negarle a Qui-Gon su petición de permitir que Anakin fuera entrenado para ser Jedi?  Esa es una de esas preguntas que los fanáticos de Star Wars podrán debatir por años.  Pero en mi opinión, es justo decir que lo hicieron, porque Anakin personifica aquello que el Consejo Jedi teme más que a nada: lo desconocido. Ese tema lo analizaré con más profundidad en el Episodio III de éste ensayo.

Mientras tanto, Amidala también vio sus esperanzas destrozadas por la inercia institucional de Corsucant.  Su petición de ayuda para Naboo fue puesta a un lado, y ella acabó siendo engañada para conseguir la destitución de Valorum e inducir la nominación de Palpatine como nuevo Canciller en unas próximas y sospechosamente veloces elecciones.  Para la Reina y su gente todo estaba a punto de perderse… y fue el humilde análisis de un forastero inocente lo que la devolvió al camino correcto.

Jar Jar Binks, con su famoso discurso en el que pregunta “¿Tusa gente va a murir”? inspira a Amidala a encontrar el valor para pelear por si misma.  Ella se da cuenta de lo equivocada que estaba al querer depender de la ayuda de un gobierno del otro lado de la galaxia sin siquiera consultarlo con los demás habitantes de Naboo primero.  Los Gungans tal vez sean una fuerza primitiva y pequeña comparada con la Federación de Comercio, pero Naboo también es su hogar.  “Los Gungans no muieren sin piliar.  Semos guerreros, tenemos un grand ejercito” comenta con sencillez Jar Jar.  Es ahí cuando Amidala sabe que es hora de ir a casa y tratar de unificar a su planeta, por pequeñas que sean las probabilidades de lograrlo.  Si La República no va a proteger a Naboo, entonces Naboo se protegerá a si mismo.

Por razones de espacio, la próxima semana (23/08) se publicará el final de éste Episodio y el inicio del Episodio III de éste ensayo... Pido disculpas, pero está fuera de mi control.

1 comentario:

  1. Que bueno Jose... jo! a mi no se me ha ocurrido un análisis tan profundo, de medio fanática me vas a pasar a fanática entera...
    Por cierto chamo, si no has visto "Celda 211" peli española que me ha encantado! mírala, me encantaría leer tu opinión.

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